2018, el recuento.

Este año lo puedo resumir en una sola palabra: familia. Por eso mis hashtag favoritos fueron #teamoduga y #trioperfecto.

Lo que mas disfrute fue, preparar el desayuno mientras mis hijos ponen la música (eye of the tiger, gonna fly now, going the distance, s.o.b., believer), bailar la misma canción una y otra vez (bonito). Desvelarme jugando box, escondidas o viendo una película. Ver sus sonrisas al recibir sus regalos (legos, hotwheels, xbox).
Escuchar la voz del pequeño a las 6.30 de la mañana. Papá, despierta, ya salio el sol, vamos a jugar carritos.
El mayor contándome lo último de superheroes, películas, y series. Sin faltar la lista de mujeres guapas, modernas y leyendas.

Fuimos a caminar (aka hiking) al Cañón del Cascabel, a las cascadas escondidas en Rancho Casian, al Cerro Colorado en algunas ocasiones, a Bajamar (Rosarito) un par de veces, al Balboa Park (SD) con invitada especial, que también nos acompaño a Hacienda Santa Veronica (Tecate).

Al zoológico de Caliente fuimos con mis sobrinas, y al Rancho Ojai con mi abuelo, tios y primos.

Estuvimos en el concierto de Jorge Drexler y Jarabe de Palo. Desayunamos algunas veces en el restaurante Los Pelícanos (Rosarito). Fuimos al cine (Avengers fue nuestra favorita), vimos la saga completa de Rocky y muchas series. Jugamos lotería, uno, ajedrez, y video juegos. Hicimos casitas de carritos con madera y las destruimos.

Por las noches agradecimos el estar juntos, tuvimos platicas interesantes y reconfortantes. Aprendimos que es parte de la vida los fracasos, y que los éxitos se dan luchando sin rendirnos por lograr eso que queremos.

Por mi parte, he sido constante en mi entrenamiento físico (crossfit), que me ayudo a hacer dos veces el paseo en bicicleta Rosarito – Ensenada y a bajar unos cuantos kilos. Me integre con el grupo de ciclistas Otay Night Riders con los que recorrí Zona Río, Centro y Otay.

Conocí personas interesantes, tuve desayunos; noches de película; noches de vino, mezcal y whisky; intoxicantes salidas nocturnas. Reencuentros con ex compañeros de la prepa.

En deportes, Trevor Hoffman entro al Salon de la Fama, América fue campeón. Chargers están teniendo una gran temporada. Padres con jugadores jóvenes que prometen.

Que en este 2019 sigan las noches de fiesta, solo para locos. Como dice mi pequeño, aquí en casa todos somos locos. Que sigamos creciendo como seres humanos, que sigamos disfrutando juntos de tantos buenos momentos.

Feliz 2019. El 2018 se ha ido y me ha dejado una enorme sonrisa. 😀

Amo a mi familia.

Hacienda Santa Verónica

Una tarde, una noche, una mañana. Ceviche, cerveza, vino. Alberca, sonrisas, te quieros. Pocas palabras para este pequeño viaje a Hacienda Santa Verónica. El lugar no es muy bonito que digamos pero sirvió para salir de la rutina con la familia, y una invitada especial. Probablemente con unas bicicletas o motos se podría apreciar más.

Hacienda Santa Verónica

Lo más divertido fue el regreso por los 15km de terracería. Ver a mis hijos felices es lo máximo.

Hiking en Balboa Park

Nos toco esta vez hacer 7 Km (eran 10 pero lo acortaron por el calor) en los alrededores del Parque Balboa en San Diego. Esta vez fuimos acompañados por Isa, algo le dio a mi pequeño enano que el mocoso no se separo de ella. 🙂

Alrededores de Balboa Park

Me encanto pasar entre tantos cactus y biznagas que seguramente tienen bastantes años de vida.

Alrededores de Balboa Park

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Pero sin prisas, que, a las misas de réquiem, nunca fui aficionado,
que, el traje de madera, que estrenaré, no está siquiera plantado,
que, el cura, que ha de darme la extremaunción, no es todavía monaguillo.

CumpleAlex

Paseo Rosarito Ensenada 2018

El Magic 69 en el paseo de Rosarito a Ensenada, 50 millas de diversión en bicicleta. 😀

Magic69

Mi meta era hacer menos tiempo que la vez pasada, y no caminar. Y qué crees? lo logré. Fueron unos 10 minutos menos pero llegue sin un solo calambre.

El inicio del paseo empezó con algunos accidentes, me toco ver 3 ensangrentados en diferentes puntos. Los primeros kilómetros fueron de acostumbrarme a la bicicleta, tenía 4 años sin usarla.
En Cantamar hay una pendiente no muy inclinada pero si larga. Esta vez la subí sin ningún problema. La vez pasada tuve que caminar algunos metros.

Pedaleando, continue sobre el asfalto admirando la belleza en azul del Pacífico. Viendo personas disfrazadas, y bicicletas personalizadas. Niños, jóvenes y adultos. Locales, nacionales y extranjeros. Escuchando música de todo tipo. Hit the road Jack sonó a lo lejos y tuve que acelerar para ver quien reproducía a Ray Charles. Era una señora preciosa a la que acompañe algunos metros. Agradecí su lista de reproducción y con una sonrisa me despedí, arremetiendo con los pistones recuperados.

Como en toda actividad lo difícil estaba por llegar. Un poco antes de empezar a subir la Cuesta del Tigre, sentí un calor en los muslos, espasmos, sabía lo que venía. Disminuí la velocidad a lo mínimo, y eso me ayudo, los síntomas fueron disminuyendo también. Lo que le siguió fue irme al ritmo donde mis piernas no se forzaran. En algunos tramos aceleraba, y al sentir presión, bajaba las velocidades.

Me detuve un poco a rehidratarme, recargar energías, intercambiar palabras con buenos samaritanos. Fue un momento de reconexión, la cima estaba cerca y necesitaba un estimulante natural.

Mi cerebro no me podía fallar, es quien controla todo, no se podía equivocar. Le hablaba a mis piernas como a dos amigas que nunca me han fallado, que se han divertido tanto jugando futbol, que me han llevado a tantos lugares, esta vez no será la excepción. Le hablaba a mis manos, tenían que atinar los cambios. Le hablaba a mi espalda, aguanta, aguanta!!! Le hablaba a mis ojos que por momentos se fijaban en el blanco de la línea del asfalto, no se nublen, no se pierdan en el sudor. La cima, fue la gloria. Me detuve, me quite la sudadera, tomé el último hit, me prepare mentalmente por que lo que vendría sería sentir el viento en la cara, la brisa del mar en esa zigzagueante pendiente. Indescriptible.

Hasta llegar a San Miguel, faltaban 10 millas para el final. Para entonces el dolor en el trasero ya era considerable. El calor en los muslos amenazaba otra vez. Decidí seguir la misma estrategia, velocidad al mínimo, acelerar poco a poco, y no perder la concentración. Una caída a estas alturas no debía ser parte del guión.

Lo mejor estuvo en la meta, mis padres, mi hijo y mi sobrina me esperaban, y en el momento que los ví, mi cuerpo expiró. La pierna no pudo mas, se apretó, se acabaron las fuerzas pero con el impulso pude llegar arriba de la baica. La sonrisa de mi hijo, los ojos de orgullo de mis padres, y hasta los comentarios de mi sobrina me renovaron el espíritu. Lo logré. 50 millas sin calambres, sin caminar, el lugar es lo de menos, yo me sentí un campeón, y mi hijo me lo reconocía. Al día siguiente mi otro hijo escuchó emocionado mi aventura.

Lo volveré a hacer. Aunque por 3 días mi rodilla me recordara que el tiempo desgasta. 😀

Paseo rosarito ensenada