2017, el recuento.

Vaya año. Intenso. Me toco perder, pero valió la pena.

Vendí mis martens, descubrí música nueva, lloré por un amor como nunca lo había hecho.

Con mi divorcio aprendí a disfrutar cosas que antes no disfrutaba (lavar los trastes y cocinar, por ejemplo, jaja). La soledad impuesta me ha dado noches de reflexión. Los días aunque algunas veces parecían largos me han dado luz, calor y fuerzas para seguir, que la vida sigue y no se detiene y a nadie espera. Descubrí que puedo ser buen padre, tantos besos, abrazos y apapachos de mis chaparritos me animan a esforzarme cada vez más, primero para ser mejor persona, para después merecer que me llamen papá.

Empecé un huerto en el patio de casa. Inicie mi proyecto Delirium Cactus para ayudar en la conservación del planeta. Es poco lo que hago al reciclar botellas de vidrio, pero es mi granito de arena. Hice un par de sesiones fotográficas, un centenar de fotos de mi gente y una del skyline de SD.

Dejé de jugar futbol. Un par de salidas en bicicleta, subidas al Cerro Colorado, paseos a caminar (aka hiking) y un mes en el gym han sido mis únicas actividades físicas.

Vi Thor, Justice League, Star Wars de madrugada con la mejor de las compañías.

Conocí gente nueva, me reencontré con mis compañeros de la prepa y con viejas amistades.

Pero sin duda lo mejor del año fue el día que disfrute en el parque con las personas que me hacen querer la vida y disfrutarla. Mi nena pudo conocer a sus hermanos, mi bebe la abrazo como si la conociera y el chaparro cumplió su deseo de conocer a su hermana mayor.

Gracias a papá y mamá por el apoyo, gracias a mis hijos y sobrinos por los besos, gracias a los amigos y a mis hermanos. Gracias a esa gente que cree en mi.

Cada uno da lo que recibe y luego recibe lo que da.

Este año será uno de retos. Hay tanto por hacer. Feliz 2018.