Crónica de un día en la gran ciudad

17 de Abril en la ciudad de México.
Crónica de un día en la gran ciudad.

1 am Arribo al hotel, dulce hotel en plena Av. Reforma.
2 am Comiendo tacos al pastor con sus respectivas y deliciosas cebollitas en su jugo.
3 am Tirando los dados para usar el baño, el que tenga menor puntaje se baña primero, por consiguiente es el primero en despertar. Tuve el puntaje mayor por lo tanto duermo media horas más. En el otro cuarto no se que pase pero según las malas lenguas, la mala lengua les contaba historias de encuentros del tercer tipo.
4 am Tratando de dormir (entre risas e historias es difícil hacerlo)
5.30 am Despertando (los que pudimos dormir, si a una hora se le llama dormir)
6 am Tomando el metro en la estación Hidalgo rumbo a Indios Verdes (claro después de preguntar a medio mundo y revisar las rutas de no sé cuantos mapas).
6.30 am Subiendo al autobús que nos lleva a Teotihuacán (maldición, tomamos el de la ruta larga y escabrosa)
8 am Arribando a las pirámides. Es impresionante ver al final de la calzada principal como se erige la Pirámide del Sol, emblema vivo que recuerda nuestras raíces, monumento que enorgullece nuestro sentido de pertenencia. Con un concurso de carreras entre machos, subimos por la larga escalinata donde solo tuvimos aire para 1/4 de pirámide, el resto fue a marchas forzadas. En cada paso y en cada escalón se sabe la majestuosidad de las antiguas civilizaciones, recordé las pirámides de Giza, las de Chichen Itzá, las maravillas de Petra, que fueron hechas sin la tecnología con la que contamos actualmente, y que si me alcanza la vida (y la lana) algún día me gustaría conocer. En la cima no hubo más que disfrutar el paisaje, por un lado la ciudadela, con sus pequeñas reliquias de lo que alguna vez fue una ciudad de entre 150 y 200 mil habitantes, el bosque de Patlachique, y al fondo la polvorienta ciudad de México. La calzada de los muertos nos llevo a la Pirámide de la Luna, un poco más pequeña pero igual de impresionante. Y claro, una larga sesión de fotos de todo tipo y para todos los gustos.
Supuestamente fuimos a cargarnos de energía, pero todo lo contrario, regalamos lo que nos quedaba a los dioses mexicas que apenas nos quedo para llegar al pueblito adyacente San Juan Teotihuacán a desayunar un poco antes de medio día. Nos trepamos los 7 a un taxi, si, los 7, ¿como? pues como se pudo. El conductor quiso hacer alarde de su comicidad contando algunos chistes, pero no contaba que mis amigos son expertos en el tema, “¿qué le dijo una tabla a otra tabla? tablatumadre”, ahora que lo escribo ya no es tan cómico pero al final el taxista no tuvo más que reír, y nosotros comer desde barbacoa de borrego hasta sopes, huaraches y quesadillas, riquísimo!!! Sin faltar la receta de doña Chole para hacer una salsita de una especie de tuna de la región que no recuerdo el nombre, deliciosa!!!

12.30 pm Abordando el autobús de regreso a la civilización a Indios Verdes.

1.10 pm Abordando el metro rumbo a Hidalgo para hacer lo que tengamos que hacer en el hotel. Dulce hotel, dulce sanitario, perdón dulce santuario.

2 pm Partimos hacia el Centro Histórico, pasando por la Alameda, el monumento a Benito Juarez, Bellas Artes, hasta llegar a la Torre Latinoamericana. Impresionante la vista de la ciudad desde cualquier punto cardinal que se haga. Siguiente parada Zócalo y Catedral. Entre que nos subíamos al turibus y que no, regresamos al hotel extremadamente cansados y hambrientos, y sobre todo somnolientos.

5 pm Monterrey vs América, Pizza Hut para calmar un poco el hambre, y la emoción de ver en vivo a Joaquín Sabina iba en ascenso.

7 pm Bombín, listo. Boletos de entrada, listo. Ruta a seguir, lista. Machos, listos. Damas… carajo las damas no bajaban y el concierto iniciaba en 1 hora y para acabarla la lluvia se dejaba venir.

7.15 pm Las damas seguían sin bajar, si nos íbamos en transporte público o en taxi nos dijeron que haríamos 1 hora en llegar a Palacio Nacional, así que empezamos a analizar rutas alternativas.

7.30 pm ¡Vaya, por fin! Vámonos en Metro, estación Hidalgo, transbordar en Tacuba hacia Auditorio (para estas alturas ya eramos expertos, aja!)

8 pm Arribo a Palacio Nacional. Joaquin Sabina 8:00pm. Justo a tiempo.

8.10 pm Intro “Blues del Alambique” y yo aun haciendo fila, pero como buen mexicano, hago platica a una pareja que estaban a punto de entrar y me cuelo con ellos. “Amigos, los veo adentro”.

El escenario era en azul simulando una ciudad, las luces se apagaban y cada actor tomaba su lugar. Un estruendoso grito se hizo escuchar al ver al flaco de bombín y frac salir del lado izquierdo con los acordes de “Tiramisú de Limón”. El verdadero viaje daba inicio ya. “¡Viva México Cabrones!”.

“Viudita de Clicquot” siguió en el repertorio, como preámbulo a “Hierven los clubs y los adolescentes, comen pastillas de colores. Harto de mal vivir el siglo veinte muere de mal de amores. / Los hechiceros de la tribu resucitan para invertir en mis pecados y hacen los traficantes de estampitas su agosto en el supermercado. / Y la mentira vale más que la verdad y la verdad es un castillo de arena y por las autopistas de la libertad nadie se atreve a conducir sin cadenas. / Y yo me muero de ganas de decirte que me muero de ganas de decirte que te quiero. Y que no quiero que venga el destino a vengarse de mí y que prefiero la guerra contigo al invierno sin ti. / Cada mañana salto de la cama pisando arenas movedizas, cuesta vivir cuando lo que se ama se llena de ceniza. / Y por las calles va solo el corazón sin un mal beso que llevarse a la boca y sopla el viento frío de la humillación envileciendo cada cuerpo que toca”. De mis favoritas.
Después de recitar “La misma canción”, recordar a su tequila y el amor a su México, prende a la multitud con “Medias Negras” y “Aves de Paso”, algunos bailan otros solo cantan, pero el auditorio nacional es un verdadero manicomio entregado a su ídolo, y el nos corresponde bailando a sus 61 años por todo el escenario. “Peor para el sol” se disfruto en grande y más al escuchar en voz de la preciosa Mara Barros, “me moría de ganas querido de verte otra vez”. Que preciosa mujer y que voz, que deleite verla en acción. “Por el bulevar de los sueños rotos”, homenajeando al gran Jose Alfredo y a su amiga Chavela Vargas. Hasta llegar a “Llueve sobre mojado” que siendo sincero Jaime Asúa no es Fito y se queda muy corto, pero que hermosa presentación de sus músicos, a cada uno un verso con su nombre, Mara, Pancho Varona, bateria y flauta, hasta Garcia de Diego.

Pancho Varona entra al quite con “Esta boca es mia” y su voz de seda. Después es turno de demostrar quién es Marita Barros, y que manera de hacerlo, primero con “Como un dolor de muelas” luego con “Y sin embargo te quiero”, preciosa voz de la muchacha, derrochando sensualidad y adrenalina en el escenario, “y sin un gramo de silicona”. Olga Román puede estar tranquila por el momento. Bajando un poco los decibeles vino “Y sin embargo” y un auditorio a una sola voz “Y me envenenan los besos que voy dando y, sin embargo, cuando duermo sin ti contigo sueño, y con todas si duermes a mi lado, y si te vas me voy por los tejados como un gato sin dueño
perdido en el pañuelo de amargura que empaña sin mancharla tu hermosura”
. Perdidos en “Cristales de bohemia” recordando a Praga, ciudad donde se fecundo con Benjamín Prado lo que es el nuevo disco. “Una canción para la Magdalena” fue un verdadero himno y un deleite a la pupila, Mara bajo la tenue luz de una lámpara esperando su cliente favorito, al que nunca le cobro y por la que todos brindamos, esa virgen del pecado. Como anécdota quedara la tanguita roja que la rubia de la cuarta fila dejo en pleno escenario y que Joaquín con gusto recogió tal como lo haría con una flor.

“Peces de ciudad” y luego “Cerrado por derribo” nos levantaron de los asientos para bailar con la “Embustera”, en plena “Calle Melancolía” y a todo vapor desgañitando diez mil gargantas otra vez en coro “Vivo en el número siete, calle Melancolía. Quiero mudarme hace años al barrio de la alegría. Pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía y en la escalera me siento a silbar mi melodía”, “19 días y 500 noches” resumidos en unos cuantos minutos, para cerrar como en un buen sexo, “Princesa”, rock and roll puro y duro para celebrar los 30 cumplidos del vocalista, David Otero, custodiado con sus guitarras por Dani Martin, y Chema Ruíz de El Canto del Loco, Mara, Pancho y Garcia de Diego haciendo lo suyo, y en la tribuna aun excitados y de pie, bailando, cantando, brincando, gritando los cómplices de una noche inolvidable.

Después de tanto derroche de energía era necesario ir a tomar un tequilita mientras el “ole, ole” se escuchaba entre paredes invocando su regreso.

“Amor se llama el juego” canto Garcia de Diego, y para Tania Libertad, Joaquín le siguió con “Vinagre y Rosas”. El desenlace estaba por venir, a lo ranchero “Noches de Boda” y la obra maestra “Y nos dieron las diez” regresaron los ímpetus de los presentes que ya de pie entonaban cada verso, cada frase, cada palabra, cada vocal como si de su vida se tratara. No dejaban siquiera respirar al maestro, que soltó como bálsamo “Contigo”, enamorando a todos sus escuchas con el “Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres, porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren”
.

A toda velocidad y desde la cumbre del recital, un poco de rock para despedir la gran noche, imaginando ser el “Pirata cojo con pata de palo con parche en el ojo con cara de malo, el viejo truhan capitán de un barco que tuviera por bandera un par de tibias y una calavera”. Todos de pie, para cerrar con broche de oro con una de mis favoritas, y antídoto para “La del pirata cojo”, “Pastillas para no soñar”, “…deja pasar la tentación dile a esa chica que no llame mas y si protesta el corazón en la farmacia puedes preguntar: ¿tienen pastillas para no soñar?, ¿tienen pastillas para no soñar?, ¿tienen pastillas para no soñar?”.

Se despide la banda entre aplausos, gritos y piropos con “Crisis” de fondo, de vuelta a la realidad cansados y satisfechos, podría decir que ya me puedo morir tranquilo, pero no que lo mejor está por venir. “Sweet melocotoncita tienes un loco viejo”.

Con una gran sonrisa en los dientes, con el éxtasis de cada nota, con la filosofía de cada verso, con haber vivido un día en la ciudad de México, así fue la crónica de un concierto.

Con las ganas de volverte a ver Sabina, no te mueras nunca carajo, y aún no entiendo como algunos todavía prefieren ver a los magneto.

10.30 pm Revisión del concierto y planeando lo que nunca hicimos, Garibaldi, Zona Rosa, mejor unos tacos y cheves y a dormir. Fotos y recuerdos.

11.59 pm Comiendo tacos al pastor y tomando cheves.

Anecdotas contadas durante el show:

– Vinagre y Rosas se hizo en Praga despues de unos tragos entre Sabina y Benjamin Prado, cuando a este último lo había dejado su novia, y a Sabina su novia no le dejaba tener novias.

– En Praga unos mexicanos se presentaron con su hija llamada Magdalena como la cancion, pero esperaban que no saliera tan puta.

– En Una cancion para la Magdalena, Sabina saco un billete que Mara no acepto, y dijo: “Esto no pasa en la vida real”.

– Entre Chavela Vargas y Joaquin Sabina hay cosas en común: ser borrachos y mujeriegos.

– Con la voz entrecortada comento que entro a México cantando en el mismo lugar que hoy, el auditorio nacional, solo que nosotros no habiamos nacido, me incluyo.

– En la canción de Por el bulevar de los sueños rotos al mencionar a Jose Alfredo se quito el bombín en forma de respeto. Grande por eso Sabina.

– Sabineros, ¿alguna otra que se me escape?

Notas para leer:
Sabina fue más rosa que vinagre